martes, 21 de mayo de 2019

El hundimiento de la fragata HMS Ardent



Al cumplirse un nuevo aniversario del ataque a la Fragata CL-21 (F184) HMS-Ardent, reproducimos el relato de los participantes de la segunda oleada de aviones navales de la Tercera Escuadrilla Aeronaval de Caza y Ataque (EA33), que en definitiva, fueron los terminaron dándole la estoqueada final al buque ingles.

Los tenientes de navío Benito Rotolo y Roberto Sylvester, y el teniente de fragata Carlos Lecour,  poco antes del mediodía del 21 de mayo se dirigieron hacia sus respectivos A-4Q Skyhawk para realizar la inspección externa de los aparatos. 
La misión era la misma que debía realizar la sección al mando de Philippi (Arca y Marquez) y si no encontraban el blanco primario en la boca sur del Estrecho de San Carlos debían ir a la bahía, lugar donde el enemigo estaba desembarcando tropas.
Obtenida la autorización de despegue, decolaron, primero Rotolo en el 3-A-306, luego Sylvester en el 3-A-301 y por último, Lecour en el 3-A-305.
Era la primera vez que cruzaban el “charco” que separaba al continente de las Islas Malvinas. Sabían que los buques tenían la protección de PAC de Harrier, y que pese a ello, debían atacar solos y luego quedar prácticamente a la merced de los aviones ingleses. 
El diálogo entre Philippi y sus numerales era mínimo, solo se comunicaban cuando era necesario comparar datos ya que no disponían de ningún elemento como para reconocer las Islas. Poco después de descender, y comenzar a volar rasante, recalaron en la Isla de los Pájaros continuando hacia el Cabo Belgrano donde la meteorología empeoró críticamente, allí adoptaron la formación de combate ya que al haber escasa visibilidad era factible encontrarse con un buque enemigo en cualquier momento.
Volando al ras del agua, sin dejar de vigilar la posible aparición de los Harrier por encima de sus aviones, el único medio de detección, de aeronaves enemigas, era el visual que estaba sensiblemente disminuida, debido al mal tiempo.
Recordando lo ancho que le había parecido el estrecho a Philippi, Rotolo ordenó la separación de los aviones y poner potencia máxima ante un eventual ataque.
El sol aparecía hacia el Este, entre cada chubasco, por breves instantes, sus reflejos impedían observar con nitidez lo que había en el canal.
Los A-4Q llegaron al estrecho de San Carlos, pero no hallaron ningún buque británico para atacar, optando por dirigirse al blanco secundario, en la Bahía San Carlos. Los tres aviones realizaron el cruce confiando en la navegación, luego giraron a la izquierda, apartándose un poco de la costa, y sobrevolando en la Isla Soledad, para evitar ser detectados prematuramente por el enemigo, y encaminarse directamente hacia Bahía San Carlos.
Con  cielo, bastante, despejado pudieron guiarse, por el canal que aparecía a la izquierda, estando a dos minutos de Bahía Ruiz Puente, donde seguramente habría algún buque enemigo. Rotolo dobló su carta de navegación y repasó la selección de armamento.
-¿Están conmigo? Preguntó a sus numerales, tal vez con la intención de saber si estaban listos para afrontar lo que les pudiera esperar, tanto Lecour como Sylvester respondieron con un:
-Sí. Firme y muy animado.
-Ni bien recalaron en la bahía, Rotolo, que iba al frente la formación, divisó un buque de guerra en medio del canal con la proa en dirección al sur del estrecho.
-Hay un buque a la izquierda, me tiró sobre él. Les dijo a sus numerales
-Sí lo vi. Respondió Sylvester
-¡Cuidado, hay otro a la derecha! Advirtió por su parte Lecour refiriéndose a un barco que estaba recostado sobra la costa.
El buque que pensaba atacar Rotolo, era una fragata CL-21 que estaba a unos 90° de su rumbo por lo que tuvo que realizar un giro muy brusco y así quedar enfilado para la corrida, bien pegado al agua, comenzó a efectuar el zigzagueo, pues el barco abrió fuego de manera intensa, claramente se veían las manchas de humo blanco, producto de los disparos con el cañón de 4,5 pulgadas (114 mm) y los trazos negros y rojos que pasaban por debajo del avión.
Las esquirlas de la munición explotaban formando una verdadera muralla que él tendría que atravesar, trató de responderles, con sus cañones de 20mm, pero lamentablemente no funcionaron, mientras el buque seguía disparando con todo su armamento, había aumentado considerablemente su velocidad, en pocos segundos Rotolo estuvo a distancia para efectuar el lanzamiento, tiró del bastón de mando y el avión trepó unos 300 pies (91 metros) cuando la mira cruzó sobre el centro del buque enemigo, oprimió el botón y sintió el sacudón que le indicaba que las cuatro bombas de 500 libras se habían liberado. El A-4Q quiso elevarse, pero Rotolo decidió plancharse sobre el agua para iniciar el escape, pero observó impactos de proyectiles sobre el agua, frente a su avión, de un buque británico que le estaba tirando con su armamento AA. Otra cortina de fuego por la que tendría que atravesar. En una fracción de segundos decidió hacer un giro de 180° y, pegado al agua, se dirigió a la costa oeste del canal, en dirección de una pequeña elevación de unos 1000 pies de altura, luego de “saltarla” se metió entre los cañadones de la Gran Malvina.
Lecour, segundo en la corrida de ataque, no logró los 19 segundos de separación con el avión líder, lo que lo obligó a pasar muy cerca de él por arriba del buque, las bombas que lanzó Rotolo cayeron en reguero, dos adelante y dos detrás del buque, sin dar directamente en el blanco, explotando en el agua en el preciso momento en el que Lecour soltaba sus bombas y pasaba sobre el blanco, la onda expansiva zarandeó su avión tornándolo, por un instante, incontrolable. Superada la situación, por demás critica, Lecour escuchó en sus auriculares la voz de Rotolo:
-¡Cuidado que nos tiran!
-¡Sí, sí, ese de la izquierda!, gritó Lecour, refiriéndose a una fragata que cruzada en el estrecho, más hacia el sur, disparaba con todos sus cañones. El último en atacar fue Sylvester que como ocurre en esos casos vió el ataque de los dos aviones que le precedían, pero no tuvo oportunidad de comprobar los resultados alcanzados por el suyo. Sylvester con un panorama claramente mucho más amplio observó cómo las bombas de Rotolo “horquillaron” el buque, dejándolo en medio de las explosiones. En cambio, las bombas arrojadas por Lecour, una pegó en el costado de la fragata, sobre la aleta de babor, que de inmediato, quedó envuelto en una humareda negra. 
Sylvester efectuó su corrida final, mientras el buque británico desaparecía de su vista, envuelto en un espeso negro humo y, poniendo toda máquina, con timón a babor, en una rápida maniobra, trataba de girar hacia la izquierda. En el ataque, Sylvester decidió no tirar con sus cañones, sin embargo cuando apretó el botón para lanzar bombas, por algún inconveniente en los circuitos, los dos cañones Colt 20 mm del A-4, comenzaron a disparar. Sylvester al no percatarse que la munición trazante, salía  de los cañones de su avión pensó que los disparos le llegaban desde el buque y dijo:
-¡Qué bien tiran, cómo me están dando!, dijo en voz alta asombrado
Luego de descargar las bombas se pegó al agua y comenzó con las maniobras evasivas para evitar el fuego de artillería AA que en ese momento era muy intensa, Rotolo preguntó:
-¿Están todos?
-Si, respondió Sylvester que tenía a su vista el avión de Lecour.
-Le dimos señor, una de las bombas de Lecour dio en el costado.
Los tres aviones se reunieron en las cercanías del monte María al oeste de la Isla Gran Malvina era imprescindible que volasen al ras del agua hasta alejarse unas 100 MN de las islas, detectaban antes de alcanzar esa distancia, los aviones británicos, más rápidos que los A-4, los podrían derribar.
Los aviones de Lecour y Sylvester tenían impactos de esquirlas por todos lados, producto de la onda expansiva de sus bombas al explotar. Además el nivel de combustible era bajo como para continuar en el vuelo rasante, si querían llegar al continente tendrían que ascender y volar a mayor altura de lo planeado, aún no habían salido del territorio Malvinense cuando Rotolo tomó la decisión de ascender, era la única alternativa:
–Vamos a ascender–, dijo a sus numerales. Con alivio comprobó que los tres aviones comenzaban a ganar altura e ingresaron en la espesa capa de nubes y estabilizándose a los 25.000 pies para seguir así la navegación en permanente alerta; aterrizando en Río Grande, a las 16.40.
Cuando bajaron de los aviones toda la alegría que sentían por haber regresado sanos y salvos se tornó en una profunda tristeza por la pérdida de sus tres camaradas, dos de ellos Philippi y Arca eyectados y rescatados luego de ser atacados por Sea Harrier y Márquez fallecidos en el mismo ataque de los aviones británicos -El buque atacado por las secciones del CC Philippi y el CC Rotolo fue la fragata CL-21 HMS-Ardent de 2750 Tn, durante la madrugada del 21 de mayo. Esta unidad realizó tareas de protección a las fuerzas anfibias en la zona de San Carlos, luego se aproximó a la costa de Bahía Ruiz Puente para bombardear las posiciones Argentinas en Darwin y Pradera de Ganso.En el hundimiento de la HMS-Ardent participaron doce aviones de la FAA y el COAN de los cuales tres fueron derribados por los SHA y uno se perdió por los daños recibidos, tres de los pilotos pudieron eyectarse, el 1° Tte Luna (FAA), el CC Philippi y el TN Arca, en tanto que el TF Márquez perdió la vida.

Publicado en la revista Defensa y Seguridad N° 30, autores Ricardo Burzaco y Robarto Villamil
Óleos de Carlos García (Click aquí para acceder a su obra)

2 comentarios:

Unknown dijo...

Sinceramente.......creo q falta a este relato la parte más importante del hundimiento, la realizada por la formación PHILIPPI-ARCA-MARQUEZ.

Martin Otero dijo...

Leyó la nota desde el principio?